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miércoles, 30 de marzo de 2016

Entrevista

Walter Riso: “Las escuelas deberían enseñar a perder”

  • El psicólogo cree que no somos felices porque hemos aceptado de manera incondicional creencias irracionales que afectan a nuestra salud mental
Walter Riso: “Las escuelas deberían enseñar a perder”
Walter Riso, en una imagen promocional (Otras Fuentes)
¿Te exiges demasiado? ¿Te importa mucho que te aprueben los demás? ¿Te da miedo expresar tus emociones libremente? Son tres preguntas a las que la gran mayoría de los mortales responderíamos afirmativamente, al menos en algún momento de nuestra vida. Walter Riso cree que la sociedad actual ha caído en un “perfeccionismo psicológico y emocional” que hace que la gente sufra mucho más. Por esta razón, el psicólogo ha reunido en su nueva propuesta editorial, Maravillosamente imperfecto, escandalosamente feliz , los diez errores más frecuentes que considera que nos hacen más infelices. Es lo que Riso llama “premisas liberadoras” para desaprender aquellas creencias irracionales que nos pueden estar perjudicando. “Cada irracionalidad que te sacas de encima, te va a dar más libertad”, afirma el autor. El psicólogo considera que a nuestra cultura no le gusta la gente diferente ni aquellos que se rebelan, y aboga por la fórmula de aprender a perder para vivir mejor y ser más realistas. “De pequeño siempre te han dicho que tienes que ser el mejor. Yo, simplemente, eliminaría el artículo. Querer ser mejor, aceptando tus virtudes y defectos significa ir por el buen camino”.
¿Cómo se acerca la sociedad actual a la imperfección?
Mal. ¿Sabes por qué? Porque estigmatizamos el error, es decir, vivimos en una sociedad que rehúye el error, la equivocación, los defectos, y lo que exige es que tu seas el mejor en tu género. Los que tenemos imperfecciones, que somos todos, las ocultamos. El día que nos declaremos en desobediencia emocional, psicológicamente y políticamente hablando, conseguiremos algo grande.
¿Entiendo, entonces, que la imperfección está perseguida?
Está señalada, perseguida y proscrita, además de tener un coste social muy grande porque, si no la sabes disimular, te rechazan. ¿Conoces algo acerca del King Tzu Kuroi?
Ni idea.
Es una corriente estética japonesa. Supongamos que se te rompe un jarrón. Según esta tendencia nunca lo tirarían por estar imperfecto, lo arreglarían. Y le ponen polvo de oro en cada una de las rajaduras, lo embellecen. Lo hacen con el objetivo de que esa ruptura, esa imperfección, se integre en la historia del objeto. Eso hace que el objeto tenga un mayor valor porque ha sido capaz de recuperarse.
Creo que veo por donde va.
Nosotros no aplicamos esa estética, al contrario. Parece que queramos mostrarnos siempre entre el “top 10” o estar por encima del bien y del mal. Es un tipo de culto a la invulnerabilidad.
¿Qué daño emocional provoca en las personas este tipo de culto?
Enfermar psicológicamente. Si te pones una meta inalcanzable lo primero que vas a sentir es ansiedad, porque por mucho que te esfuerces nunca la vas a alcanzar. Esa ansiedad te va a bajar el rendimiento, te quitará motivación, y estarás más ansioso porque te verás más alejado de tus objetivos. El impacto final de todo eso es la depresión.
¿Aporrear nuestro “yo” es sinónimo de depresión?
Implica insatisfacción frente a ti mismo porque no eres como te gustaría ser. En cambio, si te aceptas imperfecto ya estamos hablando de una autoaceptación radical.
El crítico que llevamos dentro y que tanto daño nos hace...
Ten en cuenta que la depresión por autocastigo psicológico ha aumentado muchísimo. Ser narcisista está muy mal visto y, entonces, se pasa del narcisismo a la autoindulgencia. Eso hace que muchas veces te vayas al otro extremo y te exijas salir adelante como sea, y eso te lleva a una actitud crítica y a no ser compasivo contigo mismo. La psicología está demostrando que se necesita el orgullo como factor de satisfacción y de fortaleza.
Si no te revisas a diario estás a un paso del fundamentalismo
Walter Riso
Psicólogo
¿Quiénes son los culpables de estos mandatos irracionales que nos han inculcado?
Se supone que ese valor cultural está posiblemente influenciado por obtener una ambición desmedida o un rendimiento óptimo más allá de nuestras capacidades. Es una hiperactividad social porque valoramos mucho el éxito profesional o el éxito en las personas. Eso puede venir desde el deseo de una familia hasta el aprendizaje social de los colegios, o por muchos grupos de poder que se insertan en la sociedad y te insertan esa cultura. Hoy en día vales por lo que tienes, no por lo que eres.
¿Cuál es su definición de éxito?
Disfrutar de lo que hago y autorealizarme. No tengo que estar en el “top 10” de ningún ranking para estar contento. Si tu vida empieza a depender de eso, asumes un gran riesgo de entrar en la adicción.
¿Cuál de los mandatos cree que nos está haciendo más daño?
Hay dos: la comparación y la prohibición a dudar. La comparación porque te lleva a imitar, y la imitación corrompe. No solo existe una corrupción política, también hay la psicológica. La imitación corrompe tu propia identidad. Los modelos sirven como fuente de inspiración, nada más. Si te comparas, caerás en el miedo al qué dirán y la gente te terminará manipulando.
¿Y con la duda?
El miedo a la duda es porque nosotros sancionamos a la gente insegura, no nos gusta. La cultura o la sociedad inventa un antivalor: “la gente segura de sí misma jamás duda y siempre sabe lo que quiere”.¡Mentira! Serías un idiota o un computador si no dudaras. Hay una duda que es retardataria, esto es, el miedo a equivocarte, y una duda que es progresista, que te lleva a la curiosidad, a explorar y a avanzar en el mundo. Yo predico la lúcida ignorancia: tengo el derecho a cambiar de opinión. No defiendo el tránsfuga, está claro, pero si no te revisas a diario estás a un paso del fundamentalismo, que es mucho más peligroso.
Parece que no nos guste la humildad o que, en ocasiones, se confunde con la vanidad...
La humildad no es ignorar las propias virtudes, significa saber cuáles son los límites reales a los que yo no puedo tener acceso o pasar de ahí. Ignorar tus virtudes no es un valor.
Hagas lo que hagas no vas a gustar a la mitad de la gente
Walter Riso
Psicólogo
También habla de un tipo de preocupación productiva. ¿A qué responde?
Primero es realista, no te quita más tiempo del que necesita y siempre está al servicio de tu crecimiento; es decir, te aleja de la obsesión. El problema es que este tipo de gente no nos gusta. ¿A quién le cuelgan una medalla en la empresa? Al obsesivo, al que vive para trabajar y genera necesidad de aprobación. Es lo que llamo la personalidad tipo A.
¿Me la describe?
Es muy habitual. Son personas altamente competitivas, ambiciosas al extremo, que trepan pase lo que pase, buscan prestigio y poder a cualquier precio y, sobre todo, tienen una gran necesidad de control. Les encanta controlar el futuro, aunque no puedan hacerlo. Ellos creen que sí que pueden hacerlo, tienen esa ilusión; pero eso es una enfermedad. Tampoco saben manejar el fenómeno de espera, lo quieren todo de forma inmediata. Este tipo de personalidad encaja muy bien en la posmodernidad y la gente los adula y creen que son un buen partido. Digamos que es una psicopatía socialmente aceptada.
¿Cómo tenemos que hacerles frente?
Son personas tóxicas, lo que quiere decir que si te involucras emocionalmente vas a terminar afectándote porque son muy contagiosos. Te inculcarán sus metas como un valor y, sin darte cuenta, empezarás a creer que solo vales por lo que tienes. Tu vales por lo que eres, pero eso es una revolución personal, y al que no le guste, que no mire. La corrupción psicológica existe, significa venderte al mejor postor. Hay dos principios que siempre tienen que estar ahí: el autorespeto y la dignidad personal. Si ves que están negociando con tus principios es una llamada de alerta roja.
La corrupción psicológica existe, significa venderte al mejor postor
Walter Riso
Psicólogo
Vaya, ahora que parece que la corrupción política está en boca de todos, usted me habla de corrupción psicológica. No hace falta que le diga que no le prestamos la misma atención...
Desgraciadamente es así, aunque es igual de importante que la corrupción política. Es aquí donde nace la persona que después termina haciendo otras cosas cuando es mayor. A los niños habría que programarles cursos obligados en las escuelas sobre inteligencia emocional. Aprender a perder tendría que ser materia obligada en todas las escuelas, ayudaría a ser más modesto. Aprender a perder implica que aceptas lo peor que te pueda pasar y entiendes que no vales por las medallas que te cuelgan los otros, sino por las medallas que te cuelgas tú mismo. Hubo un ministro inglés que dijo: “Renuncio porque se están acercando a mi precio”. Esta es para mí la máxima definición de la ética.
Ahora habla de educación...
Es que no podemos educar a la gente por la culpa o por el castigo que vendrá después. Eso no vale, lo único que cuenta es la convicción. Yo diría, haciendo una analogía con política, que se puede cantar la nacional socialista imperfecta, y que nos unamos los imperfectos del mundo. ¡Si somos la mayoría! Por eso, lo que he descubierto después de tantos años de terapia es que lo que libera a la gente es reconocer sus defectos. Se puede intentar superarlos, pero no esconderlos. Si no gustas a los demás, que miren para otro lado.
Es un error intentar contentar y caer bien a todo el mundo...
La estadística exacta comprobada a lo lardo de los últimos 30 años nos dice que no le vas a gustar a la mitad de la gente. Hagas lo que hagas, no vas gustar a la mitad de la gente. Si eso es así, porque está demostrado, ¿no es mejor no gustar a la gente haciendo lo que yo tengo ganas de hacer? Lo que hay que decir es “yo soy como soy, y valgo por lo que pienso que valgo”. Nada más. Si a Jesucristo, a Gandhi, a Luther King o a Voltaire, por poner algunos ejemplos, no les quieren la mitad de la humanidad, ¿quiénes somos nosotros para que sí que nos quiera más gente? Eso es aprender a perder, ser realista. Haz lo que quieras hacer, mientras no sea dañino ni para ti, ni para los demás.

sábado, 6 de abril de 2013

"La buena escuela no anula la creatividad"

Este es un artículo publicado en el periódico "El País" el 5 de abril del 2013,en el cual se muestran diversas opiniones sobre "la creatividad" y la manera de afrontarla en la escuela.



La buena escuela no asfixia la creatividad

Todos tenemos una faceta imaginativa que despierta en la infancia y va apagándose con los años

Algunos expertos creen que las reglas escolares castran, otros subrayan sus beneficios sociales y cognitivos

Tendemos a ver la creatividad como algo chic y elitista, solo al alcance de unos pocos privilegiados. Así lo interpretó en 1999 el psicólogo socialHoward Gardner en Inteligencia reestructurada: múltiples inteligencias para el siglo XXI. Sin embargo, con los años se va imponiendo la visión democrática de Ken Robinson, convertido en todo un gurú para un séquito de pedagogos. En opinión de este educador y conferenciante de masas, “todo el mundo es capaz de tener éxito en algún área si se dan las condiciones precisas y se ha adquirido un conocimiento relevante y unas habilidades”. Hasta ahí todos satisfechos. El problema llega ahora. Según este británico, la escuela mata esta creatividad que no tiene por qué ser artística, como solemos imaginar, sino científica o social.
Según Robinson, al profesor solo le interesa que se conteste lo que está en los contenidos del temario, lo que provoca la frustración de aquellos niños que son más arriesgados y a los que les gusta improvisar. Eso provoca que cada vez se atrevan menos a pensar de manera diferente por miedo a equivocarse. Tienen un comportamiento más rígido y convergente. Todo ello, en opinión del pedagogo, tiene su origen en una escuela anacrónica concebida durante la revolución industrial pensando en la producción en cadena. Un esquema que casa mal con una sociedad basada cada vez más en los servicios y el conocimiento.
El filósofo José Antonio Marina en el blog de su proyecto Observatorio de la Innovación Educativa se muestra disconforme: “Este tema no se puede despachar a la ligera. No se puede desprestigiar la respuesta correcta, como hace Robinson. No hay una solución creativa a la tabla de multiplicar, ni se puede mezclar Napoleón con Harry Potter en un relato histórico. Tampoco se puede ensalzar tanto el pensamiento divergente que se anule el pensamiento convergente”.

El tiempo es fundamental para que las ideas fluyan", dice una profesora
“La escuela fagocita la creatividad si tiene un punto de vista tradicional y se aplica la metodología de siempre. Pero sí que hay profesores que saben desarrollarla”, opina Beatriz Valderrama, autora de Creatividad inteligente: guía del emprendedor(Pearson, 2012). “Es bueno ir a la escuela infantil. Tiene grandes beneficios cognitivos y sociales. Estar con otros niños les despierta la inteligencia emocional. Conocen otros mundos, aprenden a compartir y desarrollan capacidades motrices”. Algunos informes muestran que la escolarización temprana mejora el rendimiento académico, pero los principales factores determinantes del éxito escolar siguen siendo el origen social y el nivel formativo de los padres.


Niños del colegio Aldebarán de Tres Cantos (Madrid). / GORKA LEJARCEGI
La Enciclopedia de malos alumnos y rebeldes que llegaron a genios, de Jean-Bernard Pouy, Serge Bloch y Anne Blanchard, pasma con un listado de personalidades que, curiosamente, solo incluye un nombre femenino, Agatha Christie, la reina de la novela negra. El físico Stephen Hawking no aprendió a leer hasta los ocho años; Evariste Galois, padre del álgebra moderna, no pasó dos veces la prueba de acceso a la Escuela Politécnica de París; de John Gurdon, reciente premio Nobel de Medicina, la elitista escuela Eton escribió “no tiene posibilidad de estudiar una especialidad. Sería una perdida de tiempo para él y para los que deberían enseñarle”; Thomas Edison, inventor de la bombilla eléctrica que obtuvo más de 1.000 patentes, estudió en casa con su madre porque fue expulsado del colegio... La lista es interminable: pintores (Dalí, Picasso, Cezanne, Leonardo), escritores (Dumas, Balzac), músicos (Verdi, Debussy) o mandatarios (Napoleón, Churchill). Y no faltan genios contemporáneos —demostrando que al menos en las últimas décadas el sistema ha fallado— como Larry Ellison, Bill Gates y Steve Jobs.

La creatividad sirve para solventar conflictos, innovar,  relacionarse mejor
El niño convive de forma progresiva con el mundo desde que empieza a comer y dormir, y estas primeras etapas tempranas son especialmente arriesgadas, pioneras y prometedoras. Es lo que el psicoanalista Sigmund Freud llamaba “inteligencia radiante”. Mientras que Goethe, en la misma línea, aseguró en su obra Poesía y verdad: “Si los niños continuaran creciendo con la misma fuerza, contaríamos con cientos de genios”.
Las maestras de infantil Arantza de las Heras y Rosa Fernández se dieron cuenta en cuanto empezaron a ejercer de que “perdían” algunos niños cuando se les obligaba a sentarse a hacer fichas y seguir un libro con tres años. Así que en las aulas del colegio público Aldebarán en Tres Cantos (Madrid) los alumnos de cinco años desarrollan su creatividad cada uno a su ritmo. Cada mañana se reúnen en asamblea y deciden qué quieren hacer, y las maestras encauzan sus deseos. “No se trata de decir: haz lo que quieras. Le planteas preguntas y luego él opta por lo que quiere hacer”. Sin olvidar que a través del conocimiento del sistema solar se puede introducir lógica matemática o lectoescritura.
Montse Julià, directora del centro Montessori-Palau (Girona), cree a pies juntillas la teoría de Robinson. “El niño no puede estar sometido a una rutina de asignaturas en un colegio en el que solo se le enseña a obedecer unas órdenes”. Por eso en las enseñanzas infantil y primaria de su colegio cada uno va por libre —“el tiempo es fundamental para que las ideas fluyan”— y se juntan en el mismo aula niños de tres a cinco años y de seis a ocho. “Así juegan tres papeles. El de pequeño, que tiene como referente al mayor; el de mediano, y el grande, que consolida lo aprendido”.
El maestro del método Montessori planifica algo nuevo cada dos días, y cada cual decide si va a hacer sumas, leer o aprender ortografía. “Solo hay un horario para el comedor y para clases especiales: educación física, violín..., cuenta Julià. “Es muy positivo. Los fundadores de Google cuentan en un vídeo que si han sido innovadores porque con Montessori tuvieron flexibilidad en el aula, espacio para pensar”.

Desarrollar su inteligencia emocional es tan importante como su faceta creativa
Pensar con los dos lados del cerebro. El lado derecho resuelve los problemas algorítmicos, que son aquellos con una solución fija (una resta, por ejemplo) porque se solucionan aplicando una regla. Y el izquierdo, se preocupa de los problemas heurísticos, cuya respuesta hay que inventarla porque no hay a qué agarrarse. En este lado se concentra nuestra creatividad, fantasía o expresión de las emociones (ver gráfico).
Asesine o no la escuela, lo que está claro es que el papel que juegue el maestro es de vital importancia. Caroline Sharp en su artículoDesarrollando la creatividad infantil: ¿qué podemos aprender de la investigación? sostiene que “tolerar la ambigüedad, plantear preguntas con distintas respuestas, animar a la experimentación y a la persistencia y felicitar al niño ante una contestación inesperada”. Todo eso sin perder de vista que el alumno tiene además que “aprender a juzgar cuándo es apropiado divergir y cuando debe mostrarse de acuerdo”.
Son las diez de la mañana y los alumnos del Aldebarán eligen el color de su cartulina. En ella pegan su retrato preferido y decoran la hoja a su gusto. De casa han traído botones, trozos de tela, poliespan, pegatinas... y el resultado es asombroso. Paula titula Sorpresa y solapa su foto con su retrato dibujado; Darío cambia la O de su nombre por un botón; Alicia, que ha optado por un cartón mucho más grande, homenajea a su gata Amaya con una delicadeza que muchos quisieran... De fondo suena Nena da Conte, la música favorita del alumno de la semana. Bailan un poco y siguen con su tarea, salvo uno de los niños que no quiere hacer nada y la profesora le permite que se recueste en el suelo. Ellas opinan que es fundamental la implicación de las familias. Cada viernes —son dos clases de 14 niños— los padres de un alumno comparten con el resto alguna afición de su hijo. Por ejemplo, pintan galletas con ellos.

Se necesita gente creativa para potenciar el desarrollo social y económico del país
La pregunta que se plantean los expertos es: ¿cuándo los niños empiezan a perder el asombro y las ganas de aprender que les hace creativos? Coinciden en que esto sucede hacia los seis años. Lo que no parece tener respuesta clara es si esto ocurre por mera madurez o por las convenciones sociales impuestas en el aula.
Desarrollar su inteligencia emocional es tan importante como su faceta creativa. Por eso en Tres Cantos tienen colgados en la puerta carteles de cinco estados de ánimo. Cada mañana expresan sus emociones, que cambian a lo largo de la jornada, colocando su nombre debajo de un estado. No falla, después del recreo varios muestran su enfado.
Es indiscutible que la infancia es la mejor edad para aprender a aprender y para sentar las bases de la cooperación y la resolución de problemas, pero hay quien ha empezado a poner en duda que sea la etapa de la vida más creativa. Mark Brackett, director del Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale, lo planteaba hace unos días: “Hay también informes que dicen que la creatividad crece cuando eres adulto porque te conoces mejor a ti mismo, a tus emociones”.

Balzac decía: no existe gran talento sin gran voluntad
El Centro de Inteligencia Emocional nace ahora de la colaboración de la prestigiosa universidad y la Fundación Botín, que abrirán en Santander un centro de arte que aspira a ser referencia mundial. Juntos estudiarán cómo canalizar la creatividad a través de las artes, convencidos de la necesidad de contar con una ciudadanía creativa no solo por su bienestar individual, sino para potenciar el desarrollo social y económico del país. Aprovechar ideas que surgen como respuesta a un sentimiento artístico. “Aunque sean negativas. Como la célebre frase de Woody Allen saliendo de la ópera: ‘Cuando escucho a Wagner más de media hora me entran ganas de invadir Polonia”, ironiza Brackett.
“Yo siempre he tenido clara la importancia de la creatividad, pero mucha gente no. Quizá desde que llegó la crisis y se empezó a hablar de emprendimiento la cosa cambió y hay más interés por la capacidad de crear”, argumenta Íñigo Sáenz de Miera, director general de la Fundación Botín, que pone en marcha cada curso talleres creativos en 80 colegios.
“La creatividad es una forma de mirar y resolver los problemas de la vida. Hay que cambiar la actitud. Sirve para todo en la vida: para solventar conflictos, innovar, relacionarse mejor”, anima Valderrama que trabaja esta faceta en un máster de Educación Secundaria para futuros maestros. Ella observa cómo estos estudiantes desconfían de tener capacidades creativas y trata de estimularlos para que venzan esa barrera. “La creatividad es no es un talento innato. Hay que exponerse a estímulos creativos que no sean de las áreas habituales —películas y libros de otros géneros—, pararse a pensar, cuestionarse las cosas. Balzac decía: no existe gran talento sin gran voluntad. Y tenía razón. Parece magia, que un día a un inventor se le enciende la bombilla cuando detrás hay muchas horas de trabajo. Se necesita compromiso y pasión”.
Hay otros factores que parecen menores sin serlo. Como el tamaño y la disposición de la clase, el patio o jardín, la calidad del equipamiento y los materiales o el acceso a otros ambientes. “Es bueno que las aulas sean grandes para que el niño de un vistazo vea todos los materiales con los que puede aprender sin tener que recordar. Y los niños no están todo el día sentados. A veces se sientan en el suelo y hay que respetar su espacio”, sostiene Julià.
Creatividad pero con los pies en el suelo. El doctor Frank Emanuel Weinert, que trabaja con niños superdotados, lo describe así: “Kant decía que no se puede llegar a viejo sin haber creado diferentes hábitos a modo de esqueleto. No puede ser que cada día haya que encontrar razones para lavarse los dientes. Eso no lo aguanta la naturaleza humana”.